El lunes 7, Blanca Susana Argatt (79 años) llamó a sus hijos para avisarles que había acabado con su problema. “Muerto el perro, se acabó la rabia”, le habría dicho la mujer a uno de ellos. Este ingresó al dormitorio de la pareja y encontró a su padre, Manuel Hipólito Rodríguez, sin vida. Ella lo había matado disparándole en la cabeza y en el pecho mientras dormía.
El fiscal Carlos Sale se hizo cargo de la investigación. Hasta el momento no tomó ninguna medida en contra de la supuesta autora del crimen. Desde un primer momento, el investigador ya había reunido indicios para sospechar que la mujer había vivido un infierno y que por esa razón habría tomado esa drástica decisión. Pero con el correr de los días surgieron otros detalles que podrían aliviar la situación procesal de la sospechosa.
El primer detalle descubierto
Después surgió otro detalle que sirvió para entender qué ocurría en el interior de la vivienda. Uno de los parientes, siendo menor de edad, decidió huir de la casa. Lo hizo harto de los malos tratos que había recibido durante años. Logró que una entidad benéfica lo recibiera, le diera un techo y comida. “El hombre se presentó en ese lugar para decir mentiras con un único propósito: que lo expulsaran de allí. Afortunadamente no le creyeron”, sostuvo Álvaro Zelarayán, defensor de Argatt.
Según se desprende de la investigación, los hijos prácticamente huyeron de esa casa y, debido a la violencia de su padre, casi no tenían contacto con sus progenitores. Sin embargo, hace meses vivieron una situación que podría haber marcado un punto de quiebre.
Una de las hijas del matrimonio murió luego de sufrir una enfermedad terminal. Rodríguez le prohibió a Argatt cuidarla primero y participar del velorio después. Había una razón: celos. Él pensaba que su mujer lo engañaba con el yerno, más de 30 años menor que ella y que atravesaba un problema de salud.
¿Por qué no hay denuncias?

Los policías informaron que la mujer no realizó denuncia por temor a que su esposo la matara a ella o a sus hijos.
Sale, con los testimonios de los hijos de la pareja, también entendió por qué la mujer y sus parientes nunca denunciaron el infierno que se vivía en la casa. “Él siempre nos decía que si llegábamos a denunciarlo, nos iba a matar. También insistía con que ya había matado a un hombre y que no tendría problemas en volver a la cárcel por asesinar a otra persona”, declaró uno de ellos.Pese a haber sido condenado por un homicidio, Rodríguez tenía un arma que siempre portaba. Hasta el momento no trascendió cómo la había conseguido, pero sí que fue la utilizada para acabar con su vida.
¿Cómo seguirá el proceso?
“Ella está recuperándose de la traumática situación que vivió con el cariño de sus familiares. No la está pasando bien por lo que sucedió. Es una reacción entendible por todo lo que sufrió durante tantos años”, explicó el defensor en una entrevista con La Gaceta. “Entiendo que el fiscal se está tomando su tiempo y es lógico que ello ocurra, ya que no es sencillo resolver procesalmente este tipo de casos”, sostuvo.
Tanto el profesional como Sale saben que existe jurisprudencia que podría conducir al cierre de esta causa, incluso con un sobreseimiento. La figura que se está utilizando es conocida como “legítima defensa extendida” o “superación del requisito de inminencia estricta”.
Se entiende que esta doctrina puede aplicarse en casos de mujeres que sufren violencia machista continua. “La agresión no debe juzgarse bajo el prisma tradicional de un ataque físico ‘actual e inmediato’. Se considera que el estado de sometimiento sistemático genera un peligro permanente, lo que justifica la reacción defensiva, incluso si el agresor no está atacando en el momento preciso. Por ejemplo, si está dormido o de espaldas”, se puede leer en uno de los fallos que sirve como antecedente jurisprudencial. /La Gaceta














