La misión Artemis II concluyó con éxito este viernes con el regreso de la cápsula Orión a la Tierra, tras completar un recorrido de más de un millón de kilómetros en 10 días, incluyendo un sobrevuelo alrededor de la Luna. Los cuatro astronautas, según informó la Nasa, se encuentran en buen estado luego del amerizaje en el océano Pacífico.
El descenso representó uno de los momentos más críticos del viaje. Durante el reingreso, la nave enfrentó condiciones extremas, con temperaturas cercanas a los 2.700 °C y velocidades superiores a los 40.000 km/h, en una maniobra que exigía precisión absoluta.
El amerizaje se produjo frente a la costa de San Diego, donde equipos de rescate aguardan para recuperar a la tripulación. Se prevé que, en menos de dos horas, tanto los astronautas como la cápsula sean trasladados al buque de recuperación.
El tramo más riesgoso que enfrentó la misión
El regreso de Artemis II eraa considerado el segmento más peligroso de toda la misión. Todo comienzó antes del ingreso a la atmósfera, cuando la nave se desprendió de su módulo de servicio para exponer el escudo térmico, clave para la protección de la tripulación.
Luego, los motores orientaron la cápsula con un ángulo extremadamente preciso, cercano a -5,8° respecto del horizonte. Este valor es determinante: una inclinación mayor podría haber provocar su desintegración por la fricción, mientras que una menor podría hacer que la nave rebote en la atmósfera y quede a la deriva en el espacio.
Superada esa etapa, Orión ingresó a la atmósfera a más de 40.000 km/h, generando un entorno de plasma incandescente a su alrededor. La temperatura externa habría alcanzado los 2.700 °C, envolviendo a la cápsula en una “bola de fuego”. En ese lapso, además, se produjo un corte temporal de seis minutos de las comunicaciones con la Tierra.
Paracaídas y amerizaje controlado
Una vez superada la fase más intensa del reingreso y restablecidas las comunicaciones, comenzó la desaceleración. A unos 7.600 metros de altura se liberó la cubierta frontal y se desplegó el primer conjunto de paracaídas piloto.
Posteriormente, cerca de los 2.900 metros, se activaron los tres paracaídas principales, que permitieron reducir la velocidad de la cápsula de más de 500 km/h a 27 km/h antes del impacto con el agua.














