

El consumo en los hogares argentinos sigue sin mostrar signos claros de recuperación. De acuerdo con cifras publicadas por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), las ventas en supermercados registraron en febrero una caída del 3,1% en comparación con el mismo mes del año pasado. En tanto, los autoservicios mayoristas también evidenciaron una contracción, aunque más moderada, del 1,2% interanual.
El desempeño mensual tampoco logró revertir la tendencia. Mientras que en los mayoristas las ventas disminuyeron un 0,7% frente a enero, en supermercados se observó un crecimiento marginal del 0,3%, insuficiente para compensar la pérdida acumulada.
Pese a la baja en términos reales, los ingresos medidos en pesos corrientes continuaron en alza como consecuencia de la inflación. En febrero, la facturación de las grandes cadenas alcanzó los $2,2 billones, lo que implicó un aumento interanual del 23,5%. En la misma línea, el ticket promedio se ubicó en $35.058, con una suba cercana al 28% respecto de 2025.
El informe también expone el fuerte impacto de los aumentos de precios en distintos rubros. Entre los segmentos con mayores incrementos interanuales se destacan carnes (46,9%), frutas y verduras (37%), indumentaria y textiles para el hogar (29%) y comidas elaboradas (28,4%). Lejos de impulsar el consumo, estas subas reflejan el encarecimiento sostenido de productos básicos.
En cuanto a las formas de pago, las tarjetas de crédito se mantuvieron como el principal medio utilizado, con el 43,6% de las operaciones. Las tarjetas de débito representaron el 25%, mientras que el efectivo quedó relegado al 16,8%. Por su parte, las billeteras virtuales y otros medios electrónicos alcanzaron el 14,6% del total, con un fuerte crecimiento interanual cercano al 55%.
De esta manera, se repite una dinámica que ya se volvió habitual: mayores niveles de facturación impulsados por los precios, pero con un consumo que continúa en retroceso. Este comportamiento se alinea con otros indicadores de actividad económica, que en febrero mostraron una desaceleración general y una menor capacidad de gasto por parte de los hogares.























