
Constructores de puentes
¿Es posible que un manzano produzca manzanas y naranjas? No. El manzano da manzanas y el naranjo da naranjas. De la misma forma, de una misma persona no pueden salir palabras de amor y de odio al mismo tiempo.
Columnas y Opinión25/05/2017
Mariela Alderete
Los seres humanos somos gregarios, vivimos en comunidad y necesitamos comunicarnos con los demás. Pero si no cuidamos nuestras palabras, estas pueden provocar grandes conflictos. Por medio de lo que hablamos, damos a conocer cómo nos sentimos, qué es lo que pensamos y qué es lo que deseamos. Nuestras palabras son capaces de construir, o derribar, puentes con aquellos que nos rodean. A veces tenemos problemas interpersonales porque no sabemos comunicar o expresar nuestras ideas. Razón por la cual, los demás nos malinterpretan. Cuando no elegimos las mejores palabras, o el tono adecuado, podemos dar el mensaje equivocado e incluso, sin querer, lastimar a quien nos escucha.
También suele pasar que nuestro interlocutor no preste la debida atención, ya sea porque está aburrido, o preocupado, o cansado. Hoy en día, a menudo cuando charlamos, no escuchamos realmente al otro porque estamos pendientes del celular. Lo virtual ha ocupado el lugar de lo presencial, alejándonos de los demás y conduciéndonos a interpretaciones erróneas de lo poco que oímos.
Cuando nos disponemos a “escuchar” lo que alguien intenta decirnos (con atención plena y la mejor predisposición), somos capaces de ver y entender a esa persona en su totalidad, lo cual incluye su ser interior y los motivos detrás de sus acciones, que a veces juzgamos y condenamos.
Dos maneras muy comunes de derribar puentes con la gente son:
1. Carecer de palabras de sabiduría, lo que significa decir algo que no tenemos que decir o “irnos de boca”.
2. Accionar de modo equivocado, es decir, hacer lo que no tenemos que hacer o “meter la pata”.
Solo cuando aprendemos a vivir con la seguridad de qué decir y qué hacer (aunque alguna vez fallemos), nos convertimos en personas sagaces. Tener sagacidad, como muchos creen, no consiste en hacer trampa o ser “vivo”, por el contrario, es ser consciente de las oportunidades para aprovecharlas al máximo.
Pero para hablarles bien a otros, primero necesitamos aprender a hablarnos bien a nosotros mismos. ¿Cómo es tu diálogo interior? ¿Solés hablarte con delicadeza o con rudeza? ¡También es fundamental tender puentes con nosotros mismos! La comunicación efectiva es esencial en la relación con uno mismo y con los demás. Por eso, comencemos por cuidar lo que nos decimos a diario.
Cuando hablamos, con nosotros o con otros, no deberíamos hacerlo bajo emoción, ni bajo opinión, sino con la verdad y con el mismo cuidado que lo haríamos con un niño pequeño. Hablar no es sinónimo de imponer “nuestra” verdad a toda costa, sino más bien de expresar nuestro punto de vista (que puede ser distinto del de los demás).
Elijamos hablar palabras de vida, de pasión, de motivación, de alegría. ¡Seamos verdaderos constructores de puentes!
Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a [email protected]


















